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El océano que respira: cómo los mares producen gran parte del oxígeno que respiramos

 El océano que respira: cómo los mares producen gran parte del oxígeno que respiramos


El papel invisible del fitoplancton y por qué los océanos son mucho más importantes para nuestra supervivencia de lo que imaginamos


El 70% del oxígeno que respiramos proviene de los océanos

Hay cosas que hacemos miles de veces al día y en las que rara vez pensamos.

Respirar es una de ellas.

Inspiramos, expulsamos el aire y volvemos a hacerlo sin detenernos a pensar de dónde procede el oxígeno que entra en nuestros pulmones. Lo damos por hecho. Forma parte de nuestra vida de una manera tan básica que parece casi invisible.

Pero detrás de cada respiración existe una historia extraordinaria que comenzó hace miles de millones de años y que continúa desarrollándose en una parte del planeta que, paradójicamente, muchas veces contemplamos simplemente como una enorme masa azul.

El océano.

Cuando pensamos en los grandes productores de oxígeno de la Tierra, probablemente imaginamos bosques inmensos, selvas tropicales y millones de árboles realizando fotosíntesis bajo la luz del Sol. Y, aunque las plantas terrestres desempeñan un papel fundamental, existe otro protagonista mucho menos conocido.

Es microscópico.

No tiene tronco, ni hojas, ni raíces.

Y, sin embargo, su actividad tiene consecuencias planetarias.

Hablamos del fitoplancton.

Los científicos estiman que aproximadamente la mitad de la producción mundial de oxígeno procede del océano y que una gran parte de esa producción corresponde a organismos fotosintéticos microscópicos que flotan en las aguas superficiales.

Esto significa que, cuando pensamos en el aire que respiramos, también deberíamos pensar en el mar.

Porque, aunque no podamos verlo desde la orilla, el océano está participando continuamente en el gran ciclo que mantiene respirable nuestro planeta.


🌍 Un planeta dominado por el agua


La Tierra es un planeta cubierto en su mayoría por agua

Para comprender la importancia del océano hay que empezar por una cifra sencilla: más del 70 % de la superficie de la Tierra está cubierta por agua oceánica.

Ese inmenso espacio constituye uno de los sistemas naturales más complejos del planeta.

En él conviven desde organismos microscópicos hasta algunas de las criaturas más grandes que jamás han existido.

Pero además de albergar una enorme biodiversidad, el océano actúa como una pieza esencial del equilibrio atmosférico y climático de la Tierra.

El agua del mar intercambia gases con la atmósfera, absorbe parte del dióxido de carbono que emitimos, almacena y distribuye calor mediante las corrientes y sostiene una gigantesca red alimentaria.

Y, en medio de todo ese sistema, millones de millones de organismos diminutos realizan una tarea fundamental: la fotosíntesis.

Es difícil imaginar algo tan importante dependiendo de seres vivos que, en muchos casos, son demasiado pequeños para ser observados a simple vista.

Pero la naturaleza no siempre necesita organismos gigantes para producir efectos gigantescos.

A veces basta con tener cantidades inimaginables de organismos diminutos.


🔬 ¿Qué es exactamente el fitoplancton?


Fitoplancton

La palabra puede parecer complicada, pero su significado es bastante sencillo.

“Fito” hace referencia a lo vegetal o parecido a las plantas, mientras que “plancton” engloba organismos que viven suspendidos o a la deriva en el agua.

El fitoplancton está formado por una enorme diversidad de organismos fotosintéticos. Entre ellos encontramos microalgas, diatomeas y cianobacterias, entre otros grupos.

Son organismos pequeños, pero su número es gigantesco.

Y cumplen una función comparable, en ciertos aspectos, a la que desempeñan las plantas terrestres.

Capturan energía de la luz solar y utilizan dióxido de carbono y agua para producir materia orgánica. Durante ese proceso fotosintético se libera oxígeno.

De una manera simplificada, podemos expresar la fotosíntesis así:

Dióxido de carbono + agua + luz solar → materia orgánica + oxígeno

Ese mecanismo parece sencillo escrito sobre el papel.

Pero sus consecuencias son extraordinarias.

Cada segundo, en incontables puntos del océano, una enorme comunidad microscópica está utilizando la energía de nuestra estrella para transformar sustancias simples en materia viva y liberar oxígeno.


☀️ El lugar donde ocurre gran parte de esta “respiración” marina


El fitoplancton es responsable de la producción de más de la mitad del oxígeno del planeta

El océano es enorme, pero el fitoplancton no puede realizar fotosíntesis en cualquier lugar.

Necesita luz.

Por eso, gran parte de la actividad fotosintética se concentra en la denominada zona fótica o zona iluminada, la capa superficial del océano a la que llega suficiente radiación solar para que pueda producirse la fotosíntesis.

En términos generales, esta zona puede alcanzar aproximadamente unos 200 metros de profundidad, aunque la profundidad efectiva varía según la claridad del agua y las condiciones locales.

Eso significa que la gigantesca fábrica biológica que contribuye a producir oxígeno se encuentra principalmente cerca de la superficie.

Y aquí aparece otra característica fascinante.

El agua del océano puede parecer homogénea desde un barco, pero en realidad está llena de diferencias de temperatura, salinidad, nutrientes, corrientes y concentración de organismos.

Existen zonas mucho más productivas que otras.

Las corrientes ascendentes, por ejemplo, pueden transportar nutrientes desde aguas profundas hacia la superficie y favorecer auténticos estallidos de producción biológica.

En otras regiones, la escasez de nutrientes limita el crecimiento del fitoplancton.

El océano, por tanto, no es una fábrica que funcione a la misma velocidad en todas partes.

Es un gigantesco sistema dinámico que cambia constantemente.


🌱 Los bosques del mar no son árboles


Los increíbles bosques submarinos, ecosistemas clave para la vida bajo el agua

Cuando se habla de los productores de oxígeno del océano aparece una comparación inevitable.

Los bosques terrestres son impresionantes. Un bosque puede extenderse durante kilómetros y contener miles o millones de árboles.

Pero el océano utiliza una estrategia completamente distinta.

En lugar de depender principalmente de grandes organismos, utiliza una comunidad dispersa de diminutas células fotosintéticas.

El fitoplancton puede encontrarse en cantidades enormes en el agua de todo el planeta y constituye la base de gran parte de las redes alimentarias marinas.

El esquema básico sería parecido a una enorme cadena:

Sol → fitoplancton → zooplancton → peces → depredadores marinos

Pero la realidad es mucho más compleja.

Desde diminutos crustáceos hasta grandes ballenas, numerosos organismos dependen directa o indirectamente de la productividad del fitoplancton.

En otras palabras, no solo hablamos del oxígeno.

También estamos hablando de alimento.


🦠 Un organismo diminuto capaz de cambiar la historia del planeta


Prochlorococcus

Dentro del mundo del fitoplancton existe un organismo especialmente sorprendente: Prochlorococcus.

Se trata de una diminuta cianobacteria fotosintética que vive principalmente en aguas oceánicas y que, a pesar de su tamaño microscópico, tiene una importancia enorme dentro de los ecosistemas marinos.

NOAA estima que este organismo puede ser responsable de hasta alrededor del 20 % del oxígeno producido en la biosfera.

Es una cifra que cuesta imaginar.

Un organismo microscópico, invisible para nosotros sin la ayuda de un microscopio, participa en una fracción enorme de la producción biológica de oxígeno del planeta.

Y no es un caso aislado.

Diatomeas, otras algas microscópicas y diferentes grupos de cianobacterias contribuyen también de manera decisiva.

La lección es clara:

en la naturaleza, el tamaño de un organismo no determina el tamaño de su importancia.


🌊 ¿Significa entonces que la mitad del oxígeno que respiramos sale directamente del mar?


El océano produce más de la mitad del oxígeno del planeta

Aquí conviene detenerse.

La afirmación de que “el océano produce aproximadamente la mitad del oxígeno de la Tierra” es una aproximación científica ampliamente utilizada. NOAA estima que cerca del 50 % de la producción global de oxígeno procede del océano.

Pero existe una confusión frecuente.

Eso no significa que el oxígeno que inhalamos haya sido fabricado unos segundos antes por un organismo marino y haya viajado directamente desde el agua hasta nuestros pulmones.

La atmósfera contiene una enorme reserva de oxígeno acumulada durante millones de años.

Además, el oxígeno producido en el océano también es consumido constantemente por los propios organismos marinos.

Peces, crustáceos, moluscos, microorganismos y otros seres vivos necesitan oxígeno para realizar la respiración celular.

También se consume oxígeno cuando la materia orgánica muere y se descompone.

NOAA explica precisamente que una gran parte del oxígeno producido en el océano es posteriormente utilizado por la propia vida marina y durante los procesos de descomposición.

Por eso es más correcto decir que los océanos son responsables de una enorme parte de la producción biológica de oxígeno de la Tierra, y que históricamente han sido fundamentales para que nuestro planeta disponga de una atmósfera rica en oxígeno.


🧬 La historia del oxígeno empezó mucho antes de que existieran los árboles

Aquí la historia se vuelve todavía más fascinante.

Durante los primeros miles de millones de años de la historia terrestre, la atmósfera contenía cantidades de oxígeno libre muy inferiores a las actuales.

La Tierra no siempre fue un planeta con un cielo y un océano compatibles con la enorme diversidad de vida que conocemos hoy.

Mucho antes de que aparecieran los bosques, los dinosaurios o los seres humanos, ya existían microorganismos capaces de realizar fotosíntesis.

Las cianobacterias desempeñaron un papel fundamental en la aparición y acumulación del oxígeno atmosférico.

Hace aproximadamente 2.4 mil millones de años, la Tierra experimentó un cambio conocido como el Gran Evento de Oxidación, durante el cual el oxígeno comenzó a acumularse de manera importante en la atmósfera.

Esto transformó profundamente el planeta.

Para muchos microorganismos de aquella época, el oxígeno era incluso tóxico.

Pero con el paso del tiempo, aquella molécula que había sido un subproducto de determinadas formas de vida se convirtió en uno de los elementos esenciales para el desarrollo de formas de vida más complejas.

La historia del oxígeno es, por tanto, también la historia de la transformación de la Tierra.

Y una parte importante de esa historia comenzó en los océanos.


🌎 El océano no solo produce oxígeno: también ayuda a retirar CO₂


El océano no solo produce oxígeno: también ayuda a retirar CO₂

Aquí encontramos otra razón por la que el papel del fitoplancton es tan importante.

Al realizar la fotosíntesis, estos organismos utilizan dióxido de carbono.

De esta manera, participan activamente en el ciclo global del carbono.

Pero el proceso no termina cuando el fitoplancton consume CO₂.

Cuando estos organismos mueren, parte de la materia orgánica puede hundirse hacia aguas profundas.

También puede ser transportada hacia otras capas del océano después de que los organismos sean consumidos por otros seres vivos.

Este proceso forma parte de lo que los científicos denominan bomba biológica de carbono.

Una fracción del carbono capturado cerca de la superficie termina llegando al interior del océano.

Algunas partículas se descomponen durante el descenso y otras alcanzan mayores profundidades.

Este mecanismo contribuye a que una parte del carbono permanezca alejada de la atmósfera durante periodos que pueden ir de meses a escalas mucho mayores, dependiendo del proceso y de dónde termine siendo remineralizado.

Es como si el océano estuviera conectado a una gigantesca maquinaria invisible que mueve carbono entre la atmósfera, la superficie marina y las profundidades.


🌡️ El océano: una pieza fundamental del clima terrestre

El océano: una pieza fundamental del clima terrestre

El papel del océano va mucho más allá del oxígeno.

Los mares absorben una parte importante del dióxido de carbono que generamos y también almacenan cantidades enormes de calor.

NOAA estima que el océano absorbe aproximadamente el 25-30 % del CO₂ emitido por las actividades humanas, dependiendo del periodo y de la forma de cálculo utilizada.

Esto convierte al océano en uno de los grandes reguladores del sistema climático terrestre.

Pero existe una consecuencia importante.

El hecho de que el océano absorba CO₂ no significa que sea una solución ilimitada.

El dióxido de carbono disuelto modifica la química del agua y contribuye a la acidificación oceánica.

Esta modificación puede afectar especialmente a organismos que necesitan carbonato para construir estructuras de carbonato cálcico, como ciertos corales y algunos organismos con conchas.

El océano, una vez más, está realizando un servicio enorme para el planeta, pero ese servicio tiene límites y consecuencias.


🫧 ¿Qué ocurre cuando el océano pierde oxígeno?

Existe una expresión que puede parecer contradictoria:

un océano que produce oxígeno también puede sufrir falta de oxígeno.

Y eso ocurre.

En determinadas regiones pueden aparecer zonas donde la concentración de oxígeno cae hasta niveles muy bajos.

Estas áreas son conocidas como zonas hipóxicas y, cuando las condiciones son extremas, pueden convertirse en las llamadas “zonas muertas”.

Una de las causas puede ser el exceso de nutrientes procedentes de actividades humanas.

Cuando grandes cantidades de nutrientes llegan al agua, pueden favorecer proliferaciones de algas. Cuando esa materia orgánica muere y comienza a descomponerse, los microorganismos responsables del proceso consumen oxígeno.

Si el oxígeno se consume más deprisa de lo que puede ser repuesto, el resultado puede ser una reducción severa de la concentración de oxígeno disponible para otros organismos.

Pero no es el único problema.

El calentamiento del océano también puede contribuir a la pérdida de oxígeno.

El agua caliente puede contener menos oxígeno disuelto y, además, el calentamiento puede aumentar la estratificación del océano, dificultando el intercambio entre determinadas capas de agua.

Dicho de forma sencilla:

un océano más caliente y alterado puede tener más dificultades para mantener sus delicados equilibrios biológicos y químicos.


🔥 Calentamiento, acidificación y pérdida de oxígeno: tres problemas conectados


Calentamiento, acidificación y pérdida de oxígeno: tres problemas conectados

Durante mucho tiempo tendíamos a analizar los problemas ambientales de manera aislada.

Contaminación.

Cambio climático.

Pérdida de biodiversidad.

Acidificación.

Pérdida de oxígeno.

Pero el océano demuestra que todo está conectado.

El aumento de la temperatura puede modificar la circulación y la estratificación del agua.

El aumento del CO₂ puede provocar cambios químicos conocidos como acidificación oceánica.

Los cambios en los nutrientes y el crecimiento excesivo de algunas algas pueden favorecer episodios de hipoxia.

Y todos estos procesos pueden interactuar con los ecosistemas y las redes alimentarias.

El IPCC señala que el calentamiento, la acidificación y la desoxigenación están alterando los ecosistemas marinos y que la pérdida de oxígeno puede reducir los hábitats disponibles para diferentes organismos marinos.

No significa que el océano vaya a dejar de producir oxígeno de repente.

La realidad científica es mucho más compleja.

Significa que estamos modificando las condiciones de funcionamiento de uno de los sistemas biológicos más importantes de nuestro planeta.

Y cuanto más alteramos un sistema tan complejo, más difícil resulta predecir exactamente cómo responderá en todas sus regiones.


🐟 El fitoplancton es el principio de una cadena gigantesca


El fitoplancton es el principio de una cadena gigantesca

Existe otra cuestión que a menudo pasa desapercibida.

Cuando hablamos del fitoplancton solemos hacerlo pensando exclusivamente en el oxígeno.

Pero su importancia es muchísimo mayor.

El fitoplancton constituye la base de gran parte de las redes alimentarias marinas.

Pequeños animales llamados zooplancton se alimentan de él.

Después llegan peces pequeños.

Estos pueden ser consumidos por peces mayores.

Y a partir de ahí la cadena puede continuar hasta llegar a grandes depredadores marinos.

Incluso especies gigantescas como las ballenas dependen, indirectamente, de esta productividad microscópica.

Por eso, una alteración importante de las comunidades de fitoplancton podría tener consecuencias que fueran mucho más allá del oxígeno.

Podría modificar la disponibilidad de alimento, las poblaciones de determinadas especies y el funcionamiento de ecosistemas completos.

El fitoplancton es, en cierto modo, uno de los cimientos invisibles del océano.


👀 Un fenómeno invisible que podemos observar desde el espacio

Hay algo todavía más sorprendente.

Aunque el fitoplancton sea microscópico, sus efectos colectivos pueden llegar a ser observables desde el espacio.

Los satélites pueden detectar cambios en la concentración de pigmentos como la clorofila, asociados a la presencia y actividad del fitoplancton en la superficie marina.

La NASA utiliza observaciones por satélite para estudiar la distribución de estas comunidades y seguir cómo cambian sus concentraciones a lo largo de las estaciones.

Desde el espacio, determinadas zonas del océano pueden adquirir tonalidades diferentes debido a los cambios en la composición y concentración del plancton.

Es una paradoja maravillosa:

los organismos individuales son prácticamente invisibles para nosotros, pero cuando se reúnen en cantidades suficientes pueden dejar una huella perceptible a escala planetaria.


🌿 ¿Y qué ocurre con los bosques?

Llegados a este punto hay que aclarar otro mito muy extendido.

Decir que “los océanos producen oxígeno” no significa que los bosques no sean importantes.

Las plantas terrestres son fundamentales para la biosfera.

El problema está en presentar la cuestión como una competición entre árboles y océanos.

No existe una batalla entre el bosque y el mar.

Ambos forman parte del mismo gran sistema planetario.

La fotosíntesis terrestre y la marina están conectadas por los ciclos globales del carbono y del oxígeno.

Los bosques almacenan enormes cantidades de carbono, proporcionan hábitats, regulan ciclos hidrológicos y sostienen una biodiversidad extraordinaria.

Mientras tanto, los ecosistemas marinos realizan funciones esenciales en el océano.

La pregunta correcta, por tanto, no es:

“¿Qué es más importante, un bosque o el océano?”

La pregunta debería ser:

“¿Cómo funcionan conjuntamente todos los ecosistemas que hacen habitable nuestro planeta?”

Y esa perspectiva cambia por completo nuestra forma de entender la naturaleza.


🌊 El océano como un enorme sistema respiratorio planetario


El océano como un enorme sistema respiratorio planetario

Tal vez la palabra “pulmón” sea una metáfora imperfecta.

Un pulmón humano funciona de una manera completamente diferente a un ecosistema oceánico.

Sin embargo, la comparación sirve para transmitir una idea.

El océano participa en la producción de oxígeno y en el intercambio de gases con la atmósfera.

Pero además almacena calor, participa en el ciclo del carbono y sostiene una enorme proporción de la vida existente en nuestro planeta.

El océano no está simplemente “ahí”.

Está trabajando.

Las corrientes están en movimiento.

El agua intercambia gases con la atmósfera.

El fitoplancton captura energía solar.

Los animales consumen oxígeno.

La materia orgánica se hunde.

Las bacterias descomponen.

Los nutrientes circulan.

El carbono viaja.

Todo sucede simultáneamente.

Y muchas de esas operaciones no pueden verse desde la superficie.


🌌 La paradoja de la respiración

Hay algo especialmente poético en todo esto.

Cuando una persona se encuentra frente al mar, normalmente piensa en la belleza del paisaje.

En el horizonte.

En las olas.

En el sonido del agua.

En una puesta de sol.

Pero bajo esa superficie puede estar ocurriendo una actividad biológica extraordinaria.

Millones de organismos microscópicos pueden estar capturando energía solar y participando en la producción de oxígeno.

Mientras nosotros contemplamos las olas, ellos están formando una de las bases de la vida marina y contribuyendo al equilibrio de la atmósfera.

En cierto sentido, estamos mirando una fábrica invisible.

Una fábrica que lleva funcionando miles de millones de años.


🧠 La gran enseñanza: lo esencial muchas veces es invisible

Quizá una de las mayores lecciones del fitoplancton sea precisamente esa.

Vivimos en una sociedad fascinada por lo grande.

Las grandes ciudades.

Los grandes edificios.

Los grandes animales.

Las grandes máquinas.

Los grandes descubrimientos.

Pero la historia de la Tierra demuestra constantemente que lo pequeño puede ser decisivo.

Una bacteria microscópica puede transformar la química del planeta.

Una célula diminuta puede formar la base de una enorme red alimentaria.

Una comunidad de organismos invisibles puede contribuir a producir aproximadamente la mitad del oxígeno generado anualmente por la biosfera.

Y un cambio aparentemente pequeño en las condiciones ambientales puede alterar todo el sistema.

La naturaleza no funciona por piezas aisladas.

Funciona como una gigantesca red.


🌍 Cuidar el océano es mucho más que proteger playas


Cuidar el océano es mucho más que proteger playas

Cuando se habla de proteger los océanos, muchas personas piensan inmediatamente en reducir los plásticos o limpiar las playas.

Es importante.

Pero la cuestión es mucho más profunda.

Proteger el océano significa también comprender sus ecosistemas, reducir la contaminación, limitar la llegada excesiva de nutrientes a determinadas aguas, proteger la biodiversidad y reducir las presiones que favorecen el calentamiento y la alteración química del mar.

También significa investigar.

Porque todavía conocemos mucho menos de los océanos de lo que nos gustaría.

Existen regiones profundas, comunidades microscópicas y procesos biogeoquímicos que todavía estamos tratando de comprender.

Cada nuevo estudio puede revelar una conexión que desconocíamos.

Y cuanto más conocemos el océano, más evidente resulta que no es simplemente una parte del paisaje terrestre.

Es uno de los grandes motores del sistema Tierra.


❓ Cinco preguntas para entender mejor el océano que respira

¿Todo el oxígeno que produce el fitoplancton llega a la atmósfera?

No. Una parte importante del oxígeno producido es consumida en el propio océano mediante la respiración de los organismos y la descomposición de la materia orgánica.

¿El fitoplancton es realmente tan importante?

Sí. Además de contribuir enormemente a la producción de oxígeno, forma la base de gran parte de las redes alimentarias marinas y desempeña un papel esencial en el ciclo global del carbono.

¿El océano puede quedarse sin oxígeno?

En determinadas zonas sí pueden producirse concentraciones extremadamente bajas de oxígeno. Estos episodios de hipoxia pueden ser consecuencia de procesos naturales o verse agravados por factores como el exceso de nutrientes y el calentamiento.

¿Solo importan los bosques para el oxígeno?

No. Los organismos fotosintéticos marinos son responsables de aproximadamente la mitad de la producción global de oxígeno. Los ecosistemas terrestres también desempeñan un papel fundamental.

¿El océano también ayuda a combatir el aumento del CO₂?

Sí. El océano absorbe una parte considerable del dióxido de carbono procedente de la atmósfera, aunque esa absorción también provoca cambios químicos en el agua conocidos como acidificación oceánica.


🔵 Un océano que respira… y que también necesita respirar


Un océano que respira… y que también necesita respirar

La próxima vez que contemplemos el mar, quizá deberíamos verlo de otra manera.

Bajo la superficie no existe solamente agua.

Existe una gigantesca comunidad de organismos, corrientes, nutrientes, microorganismos y procesos químicos que trabajan continuamente.

El océano intercambia gases con la atmósfera.

El fitoplancton captura energía del Sol.

El carbono circula desde la superficie hacia las profundidades.

Los animales respiran.

La materia orgánica se descompone.

Los nutrientes vuelven a circular.

Y todo ese movimiento contribuye a mantener funcionando el sistema que permite la vida tal como la conocemos.

El océano produce una enorme cantidad de oxígeno, pero también necesita mantenerse en unas condiciones adecuadas para que sus ecosistemas puedan seguir funcionando.

Por eso existe una paradoja que merece ser recordada:

el océano ayuda a mantener nuestra respiración, pero nosotros debemos evitar que sus ecosistemas pierdan la capacidad de funcionar correctamente.


✍️ Reflexión personal del autor

Cuando pensamos en el oxígeno, normalmente pensamos en los árboles.

Es lógico. Los vemos todos los días, vemos sus hojas, sus bosques y sabemos que realizan fotosíntesis.

Sin embargo, descubrir hasta qué punto el océano participa en este proceso cambia completamente la perspectiva.

A mí, personalmente, lo que más me impresiona no es solamente saber que aproximadamente la mitad de la producción global de oxígeno procede del océano.

Lo verdaderamente sorprendente es pensar que una parte fundamental de ese trabajo la realizan seres vivos que nuestros ojos ni siquiera pueden distinguir.

Mientras nosotros vivimos preocupados por problemas cotidianos, existe otro mundo invisible trabajando continuamente bajo la superficie del mar.

Millones de pequeños organismos capturan la energía del Sol, absorben dióxido de carbono, generan materia orgánica, liberan oxígeno y sostienen redes alimentarias enteras.

Y todo ello ocurre sin hacer ruido.

Sin que lo veamos.

Sin que lo percibamos.

Quizá esa sea una de las mejores lecciones que nos ofrece la naturaleza: no siempre debemos buscar lo más grande para encontrar lo más importante.

También me hace pensar en nuestra relación con el planeta.

Durante mucho tiempo hemos tratado los océanos como si fueran prácticamente inagotables. Como si su enorme tamaño significara que podían absorber indefinidamente contaminación, calor, residuos y cambios provocados por nuestra actividad.

Pero el océano no es infinito.

Y tampoco lo son los mecanismos naturales que permiten que funcione correctamente.

El mar nos proporciona alimentos, regula parte del clima, participa en el ciclo del carbono y sostiene una biodiversidad extraordinaria. Y, además, una enorme comunidad microscópica contribuye cada año a producir oxígeno.

Por eso creo que mirar al océano únicamente como un paisaje es quedarse en la superficie.

Debajo de esas olas existe una de las grandes historias de la vida en la Tierra.

Una historia que comenzó mucho antes de que existiéramos nosotros.

Y que, en cierto modo, continúa con cada respiración que hacemos.

La próxima vez que esté frente al mar, intentaré acordarme de algo que normalmente olvidamos:

quizá mientras nosotros miramos al océano, el océano también está trabajando para nosotros.

Y entonces una simple bocanada de aire puede convertirse en algo mucho más extraordinario.

En un recordatorio de que nuestra vida está conectada con millones de seres que nunca veremos.

**Porque el océano no solamente cubre una gran parte de nuestro planeta.

En cierto sentido, también forma parte de nuestra respiración.**


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